La tortuga montesa
Fui el resultado de la suma de una elegante tortuga vestida por los alfileres más sofisticados y un gato montés criado entre callejuelas y monedas agujereadas. Heredé los exquisitos gustos de una y las desdichas del otro. Entre miradas desde abajo y empujones desde arriba vengo manteniendo el equilibrio, y si caigo me levanto solita, porque en esos momentos no suelen estar las manos que te sacuden la espalda cuando la vida te muestra la más amable de sus muecas.
Llegué a la conclusión de que en el amor no sobran decimales, todo encaja.
Aprendí a marchas forzadas y en un curso por correspondencia, que no es más amigo el que más te dice lo importante que eres en su vida, sino el que directamente te hace un hueco en ella.
Y hace tiempo que acepté que el teclado con el que se escribe mi historia, no está entre mis manos.
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